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Las
técnicas de reparación sin necesidad de pintar se
basan en operaciones de corrección, realizadas en sentido
contrario al de la causa del daño, evitando el contacto
con las capas de pintura o, si no es posible, utilizando materiales
que no las deterioren.
Las principales ventajas de este tipo de técnicas, respecto
a las reparaciones tradicionales son:
- Mantenimiento de la pintura original del
vehículo, sin pérdida de calidad ni depreciación
alguna durante la reparación.
- Ahorro de tiempo, al reducirse o, incluso, suprimirse el desmontaje
de accesorios.
- Disminución del tiempo de estancia del vehículo
en el taller, con claro beneficio tanto para el taller como
para el propietario del vehículo.
- Nuevas formas de trabajo del taller.
Los daños reparables mediante
estas técnicas han de presentar ciertas características.
No deben superar los 50 mm de diámetro, ya que, para magnitudes
mayores, no se consigue la calidad necesaria en la reparación.
No puede existir estiramiento del material, porque requeriría
un tratamiento térmico que eliminaría la pintura.
Tampoco pueden darse roturas en las capas de pintura, ya que,
en caso contrario, la técnica carecería de su principal
ventaja.
Procedimientos
de trabajo
Existen, básicamente, dos técnicas
para efectuar las reparaciones sin necesidad de pintar, según
el lugar en el que se apliquen los elementos mecánicos
que producen la reparación. Éstas son:
Técnica de empuje
Consiste en la aplicación de un esfuerzo
controlado por la cara interna del daño. La presión
necesaria la consigue el chapista con la ayuda de una palanca
de desabollado, siendo la resistencia de la zona adyacente no
dañada la que provoca que el esfuerzo de compresión
afecte sólo a la parte deformada.
Para la aplicación de la presión,
se utilizan palancas o varillas de acero, de diferente geometría
y dimensiones, que permiten acceder a las distintas configuraciones
del vehículo. Las varillas se introducen por los orificios
o huecos propios de la pieza dañada, si presenta configuración
cerrada.
Aunque la presión se puede efectuar
directamente con la varilla sobre el daño, es conveniente
realizar un efecto de palanca, apoyando la varilla en los bordes
de la vía de acceso al daño o en alguna otra zona
de la pieza, para tener, en todo momento, un control de la presión
que se está ejerciendo. Si este apoyo no se pudiera realizar
con la propia varilla, se utilizaría un gancho auxiliar.
Al introducirse estas varillas por el interior
de las piezas, habitualmente no se tiene visión directa
de la punta, por lo que, antes de comenzar a ejercer presión,
hay que tantear ligeramente para poder localizar su posición
correctamente desde el exterior y evitar daños.
La reparación del daño se ha
de efectuar de manera progresiva. No se debe aplicar la presión
en el punto más hundido del daño, sino que se ha
de comenzar en la parte exterior, ejerciendo pequeñas presiones
sobre puntos donde la deformación es menor, para acercarse,
poco a poco, a puntos más cercanos a la parte central,
siguiendo una trayectoria en forma de espiral. Se consigue así
que la tensión existente en la pieza se vaya reduciendo
progresivamente, hasta desaparecer.
Es preciso mantener en perfecto estado las
puntas de las varillas de acero, evitando formas afiladas, deformaciones
o impurezas, ya que, de lo contrario, se podrían producir
protuberancias exteriores en la chapa, al aplicar presión,
con la consiguiente necesidad de aplicar otro proceso posterior
de reparación, que, quizá, dañara la pintura
o, incluso, la eliminara.
Técnica de tiro
La aplicación de la fuerza se produce
desde la cara exterior. Básicamente, consiste en la extracción
del daño mediante el tiro de elementos fijados a éste.
Estos elementos son piezas, normalmente plásticas, que
se unen al elemento dañado con adhesivos, pudiendo presentar
diferentes formas, como ventosas de diferente grado de elasticidad
o cilindros plásticos y que, posteriormente, se unen por
su otro extremo a un útil de tiro.
En esta técnica se emplea un adhesivo
de fusión en caliente, especial para este tipo de operaciones,
suministrado normalmente en barras y cuyo calentamiento se produce
en el interior de una pistola de aplicación, con temperatura
regulable. El tiempo de calentamiento del adhesivo dentro de la
pistola es un factor fundamental para que la reparación
sea correcta. Suele oscilar entre 5 y 8 minutos.
El elemento que se adhiere a la pieza dañada
ha de ser del tamaño adecuado a la magnitud del daño
a reparar, ya que, si es más grande, no se podría
colocar exactamente sobre el daño y, si es más pequeño,
no se conseguiría una reparación correcta. Por otro
lado, la cantidad de adhesivo depende del elemento pegado y del
tipo de metal, de su espesor y de la profundidad del daño.
Tras el pegado, se debe esperar un tiempo de
unos 5 minutos hasta que el adhesivo se enfríe; aunque,
si la temperatura ambiente es muy alta, se puede ayudar al enfriamiento
mediante la aplicación de chorros de aire frío,
siempre dirigidos al elemento pegado y no al adhesivo, para no
crear burbujas de aire.
Una vez que el adhesivo está curado,
se procede al acoplamiento de un útil de tiro y a la aplicación
de un esfuerzo en el sentido contrario al de la deformación.
Los útiles de tiro pueden presentar diferentes formas y
manejo. Es fundamental que el tiro se efectúe en sentido
perpendicular a la superficie de la pieza que ha sufrido el daño,
para que el esfuerzo afecte a toda la deformación.
El tiro se ha de producir de la manera más
progresiva posible, para tener, en todo momento, un control de
la evolución del daño y evitar que tiros excesivos
puedan producir daños en la pieza en sentido contrario
al de la deformación.
Una vez finalizada la operación,
la retirada del elemento pegado se realiza moviéndolo paralelamente
a la superficie de la pieza reparada, hasta que se desprenda.
Si, tras esta operación, quedan restos de adhesivo en la
pieza, se deben eliminar mediante una espátula flexible.
Si es necesario, se puede utilizar una pistola de aire caliente
para reblandecerlos y eliminarlos más fácilmente.
La reparación concluye con una limpieza de la superficie
reparada para eliminar posibles impurezas.
Para la correcta aplicación de esta técnica, se
necesita que las ventosas o elementos a pegar se encuentren en
perfecto estado de conservación, debiendo estar limpios
y libres de restos de adhesivo o impurezas para que el proceso
sea efectivo.
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